Aunque para algunos no tenga la importancia de un Mundial o la cobertura mediática de una Champions, la Eurocopa es mi torneo preferido. La calidad de los partidos me parece superior a la media de los de un Mundial y, además, al contrario de la Champions, es una competición que permite ver muchos partidos en sólo 3 semanas. La idea de un Campeonato Europeo, propuesta por primera vez por Henri Delaunay, data de antes de 1930, pero no fue hasta 1960 cuando se disputó el primer Campeonato Europeo de Fútbol avalado por la UEFA. La primera estrella de un Campeonato Europeo fue Lev Yashin, el legendario portero del Dynamo Moscú y la URSS. Yashin, único portero en ganar el Balón de Oro (1963), jugó en 3 mundiales (1958, 1962, 1966) y ganó el campeonato europeo de 1960, cuando la Unión Soviética derrotó a Yugoslavia 2-1 en el Parc de Princes de París. Cuatro años más tarde, España derrotaba a la URSS en una final disputada en el Santiago Bernabéu. El mítico gol de Marcelino, a pase de Pereda, sorprendió a ‘La Araña Negra’, que sólo pudo ‘hacer la estatua’, ante el remate de cabeza del jugador español. El cancerbero ruso disfrutó, durante su larga carrera deportiva, de muchas otras oportunidades para brillar con su selección en grandes competiciones. Sin embargo, con varios de los mejores futbolistas de la historia, el campeonato europeo ha sido el único escaparate que nos ha permitido disfrutar de su talento en su máxima expresión. Y sobre esas grandes figuras, algunas casi olvidadas hoy día, y los grandes momentos que no regalaron, es precisamente de lo que os quiero hablar aquí.
Por ejemplo, en la Euro de 1980 apareció en escena, defendiendo la todavía Bundesrupublik Deutschland, un joven conocido como Der Blonde Engel. Ese alemán, llamado Bernd Schuster, me deslumbró por su habilidad y fortaleza. A pesar de jugar en sólo 2 partidos, de los 4 disputados por su selección, fue elegido como segundo mejor jugador del torneo, por detrás de su compañero de equipo Karl-Heinz Rummenigge. Aquel Schuster era más rápido y potente del que pudimos disfrutar en el Barcelona. Sus pases ya llevaban la precisión milimétrica que fue su sello particular. Era un aventajado prototipo del jugador ‘box-to-box’, tan valorado hoy día, capaz de imponerse en cualquier zona del campo. Además, ‘el ángel rubio’ podía decidir un partido con sus goles, ya fuese de libre directo o con un disparo en carrera desde 30 metros. Tristemente, después de la grave lesión que sufrió en 1981, por una entrada de Andoni Goicoechea, Schuster perdió aquella velocidad y potencia que, junto con su buen toque de balón, le hacía tan especial. Y aunque se consagró como uno de los mejores jugadores del mundo, nunca logró deslumbrarme en la misma medida. El temperamental teutón, enfrentado con su entrenador y algunos compañeros, no quiso participar en el Mundial de 1982 celebrado en España. Y con esa decisión el enigmático Bernd, que pudo ser pieza clave para una Alemania que perdió la final contra Italia, prefirió dejarnos con su fugaz aparición en aquel verano de 1980 como único gran recuerdo.
Del siguiente campeonato (1984) tengo recuerdos gratos y amargos. España parecía haber espantado finalmente a sus demonios futbolísticos. Un gol de Maceda contra Alemania enterró la memoria de un desastroso Mundial en 1982 y marcó, para mí, un hito en la historia del fútbol nacional. Los nuestros eran capaces de derrotar a los germanos y con su propia medicina. Como olvidar a un soberbio Arconada rechazando una potentísima volea, casi a bocajarro, de Rummenigge, antes de que el elegante, espigado, y rubio defensa español batiera a Schumacher y nos metiera en la final contra Francia. El equipo galo derrotó a la Furia por 2-0 en una fatídica final para los pupilos de Muñoz. La jugada clave del partido la protagonizaron Michel Platini y Luis Arconada, los dos mejores jugadores del torneo. A uno, el guardameta español, quizá el mejor portero de la historia en La Liga, siempre se le recordará por aquella jugada. Al otro, Michel Platini, por lograr anotar 9 goles en 5 partidos y dar a Francia su primer título. El galo, 3 veces Balón de Oro, participó en los campeonatos del mundo 82 y 86 como capitán del equipo francés, pero nunca demostró todo su talento representando a su país como en la Euro 84. Para el meta vasco no hubo otra oportunidad para reivindicarse con el equipo nacional. De jugar hoy día, Luis Arconada le disputaría el puesto a Casillas como portero de la selección. El fútbol, a veces, es así de injusto. Pero también sabe darte sonrisas, como cuando Palop, vistiendo la camiseta que lució Arconada en la final de 1984, recibió de manos de Platini la medalla como campeón del Campeonato Europeo de 2008.
Tampoco es difícil recordar la Euro de 1988 donde una generación de grandes jugadores holandeses pudo, por fin, concretar su gran juego con un título. Ganarlo en casa de sus grandes rivales, Alemania, suponía un añadido muy importante para los ‘flying dutchmen’. De aquel equipo recuerdo con gran simpatía a su capitán Rudd Gullit. Nacido en Ámsterdam, hijo de un padre surinamés y madre holandesa, era un atleta con una potencia descomunal que compartía con su muy buena técnica. Dos años antes, en su mejor momento, se quedo sin Mundial al no clasificarse Holanda. Ese año, Gullit compitió con Maradona por ser considerado el mejor jugador de Calcio. Era la época del gran apogeo en la competición italiana, y de los grandes triunfos de sus equipos, sobre todo el Milán donde militaba Rudd. El argentino deslumbró al planeta en el México 86 mientras el mejor jugador europeo estaba en casa. Tuvo que esperar hasta 1990, para participar en un Mundial, pero su mejor versión había desaparecido. Sendas lesiones de rodilla mermaron su rendimiento y nunca recuperó la forma que le llevó a ganar el Balón de Oro en 1987, Además de Gullit, aquella Euro 1988 también nos permitió disfrutar de Van Basten, Rijkaard, Koeman, Aron Winter, van’t Schip, van Breukelen, Kieft, y el resto del grupo. El momento emblemático del torneo, sin duda, fue el golazo de van Basten contra la Unión Soviética. Nada pudo hacer Rinat Dasayev, el portero ruso considerado por muchos como el mejor del mundo en ese momento. Curiosamente, era muy parecido físicamente a Yashin, con el que naturalmente se le comparaba. Dasayev fichó por el Sevilla FC al finalizar la competición europea, jugando 3 temporadas con el equipo nervionense. El gran olvidado de aquella jugada es Arnold Mühren, el centrocampista del Ajax cuyo centro remató van Basten. Hermano de Gerrie Mühren, que ganó 3 títulos de Copa de Europa con el Ajax en los 70, Arnold fue una pieza fundamental de aquel equipo, a pesar de sus 37 años.
Y como no hablar la hazaña de Dinamarca que en 1992 ganó el campeonato pese a no haberse clasificado en la fase previa. Los daneses, que contaban con Peter Schmeichel y Brian Laudrup como principales figuras, fueron invitados por la UEFA días antes del comienzo del torneo para reemplazar a Yugoslavia, excluida por razones políticas. Los vikingos derrotaron a Alemania 2-0 en la final celebrada en Gotemburgo. Henrik Larsen, un auténtico armario de goleador se llevó el trofeo del pichichi. Los anfitriones suecos contaban en sus filas con Tomas Brolin, un carismático delantero que mostraba su mejor cara jugando con su selección, e hizo vibrar a toda Europa con sus goles.
Euro 96 en Inglaterra evoca recuerdos de grandes cambios políticos. La Europa de 1996 no se parecía a la de 1976. Desaparecido en bloque soviético, muchos nos acostumbrábamos a decir Croacia, Rusia, y Republica Checa. Alemania ganaba su tercer título, derrotando a la Republica Checa. Matthias Sammer, elegido como mejor jugador, había jugado para la desaparecida Alemania del Este (DDR) antes de la reunificación germana. Los ingleses, aspirantes como en el Mundial de 1966 a ganar como locales, se tuvieron que consolar con el pichichi de Alan Shearer y los destellos de calidad de Paul Gascoigne.
Los recuerdos de la Euro 2000 están más al alcance de vosotros. Kluivert y Zidane no son nombres extraños como os pueden parecer Ceulemans y Wilkins, protagonistas 20 años antes.
La de Portugal en 2004 la recordareis todos menos los más jóvenes. La de 2008, tan especial para los aficionados españoles parece que fue ayer.
Irónicamente, la primera que logro recordar, en 1976, también la recordáis, de alguna manera, hasta los más jóvenes. Yo tenía casi 11 años, jugaba de portero y mi ídolo era Sepp Maier, meta del Bayern de Munich, y de la selección Alemana campeona de mundo. A día de hoy me sigue pareciendo el mejor portero que he visto, salvo quizá Casillas, para jugar una final. Como Iker, siempre era capaz de sacar una pierna o una mano cuando el gol parecía cantado y en el momento más complicado para su equipo. Pero aquella noche el fútbol quiso que Maier pasara a la historia como víctima y no como héroe, y se dejó caer a su izquierda mientras Panenka le picó el balón por el centro, para anotar el gol que todos recordamos.














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