Esta semana lo tenía fácil para escribir sólo y exclusivamente de fútbol. La Liga BBVA ha vuelto a ser lo que era, ya está el FC Barcelona liderando la tabla y entre los culés y el Real Madrid CF sólo hay un punto de diferencia en lo alto de la tabla, con el otro equipo azulgrana, el Levante UD, incrustado entre los dos y siendo de los pocos equipos que aún no conocen la derrota tras seis jornadas disputadas.
También teníamos para hablar del magnífico gol de chilena de Júlio Baptista en el último minuto del partido entre el Málaga CF y el Getafe CF, que además sirvió para conseguir una remontada de las que marcan una trayectoria en un campeonato. El equipo de la costa del sol perdía en el minuto 88 un partido que acabó ganando, en un final de los que imprimen carácter para el resto del año. O el también espectacular gol que marcó Íñigo Martínez para la Real Sociedad CF ante el Athletic Club, un gol de 55 metros de los que no se recuerdan.
Y es de este equipo andaluz del que quiero hablar hoy, bueno no tanto de él como del comportamiento de cierta parte de la afición del Club Atlético de Madrid hacia ese equipo. Un partido en el que podríamos destacar el buen momento de forma que pasan los porteros de ambos equipos, tenemos que recordarlo por lo tristemente sucedido en la grada.
Durante una parte del encuentro, los ultras atléticos no tuvieron otro cántico que hacer para molestar al rival que acordarse del malogrado Antonio Puerta. Muchas disculpas ha ofrecido posteriormente el presidente Enrique Cerezo, pero eso sirve de muy poco (si sirve de algo) ha llegado el momento de parar los pies a estos indeseables que les cuesta mucho dinero en multa a los clubes y que, habitualmente, le hacen un flaco favor. Puede ser que animen más que muchos otros seguidores, pero eso no les de patente de corso para hacer lo que les venga en gana y mucho menos para recibir trato, no ya de favor, sino simple trato por parte de las directivas de los equipos.
En España, desgraciadamente, nunca pasa nada ante este tipo de situaciones. Si tiras una botella o silbas a un jugador por su color de piel te multan (algunos campos incluso los cierran, pero eso son los menos) pero si sucede lo ocurrido en el Vicente Calderón no pasa nada, tendremos tiempo de arrepentirnos. El único presidente que tuvo valor de hacer algo con ellos, Joan Laporta, no pasará a la historia precisamente por haber acabado con los ultras barcelonistas, pero al menos les dejó sin privilegios.
José Cabello | @Sin_Voces















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