El Barça ha vuelto a demostrar una lección de fútbol. Ha sido realmente superior al Manchester United. En todas las previas se reclamaba la presencia de Chicharito para poder hacer frente a los culés con todas las armas posibles. Pero lo cierto es que el mexicano contribuyó a esa sensación de que los red devils jugaban con, al menos, un jugador menos.
Al Manchester le duró el partido 10 minutos. Fue un inicio sorprendente, agobiante, que auguraba una final muy igualada, con un Barça que, ¿por qué no? podía sufrir. Pero duró eso, 10 minutos. El Barça despertó, tocó, trianguló y chutó. La asignatura pendiente de los últimos partidos: 17 tiros a puerta. El MVP se mojó y no hay mejor noticia para un equipo que los tres delanteros marquen. Messi, Villa y Pedro pusieron los goles, pero sus 10 compañeros firmaron un partido sobresaliente para conseguirlo.
Además, el mundo del fútbol sigue brindándonos detalles para la esperanza. Carles Puyol cedió su brazalete de capitán a Abidal para que pudiera levantar la copa en el palco de Wembley. Fue una de las imágenes de la noche. Si Abidal hubiese escrito un deseo en una nota aquel fatídico día que recibe la peor noticia de su vida, sería exactamente lo ocurrido: curarse de su enfermedad (además, en tiempo récord) y celebrarla jugando los 90 minutos de la final en ese estadio en el que prometió volver y tener el privilegio de alzar la Orejona.
Dos Champions en tres años. Un estilo de juego asentado, que gusta, que sigue teniendo futuro y que se pasea por Europa y por el mundo con la cabeza alta. ¿Más retos? Supercopa de España, Supercopa de Europa, Mundialito de Clubes. Liga, Copa, Champions... y vuelta a empezar.














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