Francesc Arnau se retira como futbolista profesional. Pudo hacerlo el sábado, en la última jornada de Liga, defendiendo la camiseta del equipo en el que ha estado 10 años, el Málaga, frente al equipo de su tierra, donde se formó, el FC Barcelona. Además, lo hizo con el dulce sabor de boca de la permanencia, de la fiesta que vivía La Rosaleda. Se me ocurren pocos escenarios mejores para hacerlo.
El capitán del Málaga jugó los últimos 5 minutos, para el deleite de la afición, que coreó su nombre y pidió su participación durante todo el partido. Pancartas, cánticos, lemas... Todo para aquel portero de formas heterodoxas pero siempre querido por sus compañeros. Profesional es la palabra que mejor le define.
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| Jugadores del Málaga mantean a Arnau [Reuters] |
"Gracias a todos. Me han adoptado como si fuera un hijo, me siento como en casa. Me han robado el corazón", dijo Arnau al final del partido. Reconoció sentirse "como un privilegiado por jugar en los dos mejores equipos del mundo".
El meta está muy ilusionado por el futuro del Málaga: "Tanto el sheik [Al Thani] como Ghubn van a hacer un Málaga grande. Cuando este club esté en los puestos altos de la clasificación, habrá que recordar cuándo empezó todo, y lo hizo este año. Daremos que hablar", dijo orgulloso.
Por último desvelo su deseo de seguir en el club. El ofrecimiento por parte de Ghubn ya se ha hecho y, además, públicamente. Arnau quiere continuar: "Seguir en el club me abre una ilusión muy grande. Mi vida siempre ha sido el fútbol, y si de algo entiendo, es fútbol", explicó.















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