La situación del Málaga es tan atípica que se disparan los análisis. Podríamos hablar sin equivocarnos de dos equipos en una sola temporada. El primero, ineficaz a todas luces, diseñado por Jesualdo Ferreira. Y el segundo, elaborado por Pellegrini y Antonio Fernández.
Algo grave tenía que pasar para que la transición del Málaga del año pasado a este se hiciera repentinamente. Abdullah Al Thani ya explicó que quería ir con pies de plomo, pero los números alarmantes precipitaron los hechos. Y es que, 17 millones de euros después, el Málaga jugaba peor que el año anterior.
Portería inestable, defensa descoordinada, falta de juego en el centro del campo y una delantera poco solidaria fueron los ingredientes que llevaron a convertirse en un equipo inoperante, muy goleado, con la moral por los suelos y, lo que es peor, sin margen de mejora aparente.
El espejismo de Zaragoza y Getafe quizá empeoró la situación. Las expectativas bajaron tan de golpe como habían subido en agosto. Los 41 goles en contra le sitúan como el equipo más goleado, con diferencia. Al menos, los 24 a favor dejan abierta la esperanza ofensiva.
Pero no se puede olvidar que los 17 puntos obtenidos en el ecuador de la Liga , lleva a un promedio de 34 al final. Una cifra irrisoria, carne de Segunda. Bien es cierto que Barça y Real Madrid se están encargando cada año en reducir los puntos necesarios para firmar la permanencia, pero el dato es aún peor que el año pasado. Solo puede hacerse una segunda vuelta fantástica, convertir La Rosaleda en un fortín y poner las cosas difíciles a los rivales a domicilio. Solo así se eludirá el descenso.














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