Si hay un equipo esta temporada que irrumpe con fuerza en los medios de comunicación, al margen de los todopoderosos habituales, ése es el Málaga C.F. Por motivos muy diversos, el club de la Costa del Sol es noticia semana sí, semana también. La llegada de Manuel Pellegrini al banquillo supone otro gran foco de atención.
El guión estaba escrito de forma diferente. Una superproducción aterrizaba en Málaga a principios de verano para asentar unas bases, un proyecto con miras de futuro. El nuevo propietario del club, el jeque Abdullah Bin Nasser Al Thani, entregó la batuta del equipo al portugués Jesualdo Ferreira.
Los titulares contaban que llegaba a Málaga un entrenador ‘Champions’, muy experimentado y con un gran palmarés en el país vecino. Tres Ligas, dos Copas y una Supercopa con el Oporto le avalaban. Metódico hasta la saciedad, contaba que venía a Málaga para enfrentarse a uno de los mayores retos de su carrera como profesional.
La afición nunca llegó a entenderle. Es más, tampoco a conocerle. No se caracteriza el luso por sus buenas relaciones con la prensa. La cultura malaguista dista mucho de las pretensiones que tenía el míster, que fue cediendo terreno poco a poco. Aun así, los entrenamientos se celebraban a puerta cerrada; los jugadores no podían hablar con la prensa, e intentó evitar a toda costa que periodistas y aficionados viajaran con el equipo.
No podía ocurrir que el Málaga más ambicioso e ilusionante de toda su historia cortara las alas a los aficionados y a la prensa local. El equipo se fue haciendo a golpe de talonario -atrás quedaron los momentos de penurias-. Ferreira construyó un bloque completamente nuevo, lo que no suponía mayor diferencia con años anteriores, en los que el club se veía obligado a recurrir a las cesiones para incorporar jugadores. Sin embargo, esta temporada solamente Quincy llegó en calidad de cedido. Por lo tanto, a pesar de tener que conformar un nuevo grupo, se vislumbra un horizonte estable, con continuidad.
Lo único que se sabía con certeza era que el técnico dispondría un 4-3-3. No habría discusión ni variantes ni pitos en las gradas que le hicieran replantearse su esquema. Las convicciones del Profesor -como así reconoció el propio Mourinho que llamaba cariñosamente a Ferreira-, acabaron con su trayectoria en Martiricos antes de tiempo. Eso sí, murió con las botas puestas.
Propuesta arriesgada
Lo cierto es que la táctica se le atragantó. Muy ofensivo, demasiado optimista quizá, para un equipo que da sus primeros pasos. El juego del Barça brilla y gusta, pero no se puede obviar el trabajo que hay en la cantera y la ventaja enorme que cuenta al disponer de jugadores de primera talla mundial. El Málaga no cuenta con esto último; y, en cuanto al trabajo de la cantera, existe (como ya demostró Muñiz en su apuesta de la temporada pasada dando entrada en el primer equipo a once canteranos), pero no con esa filosofía de toque.
Así, los pupilos de Ferreira no acabaron de captar el mensaje, y el Profesor no supo actualizarse sobre la marcha. El Málaga no tenía un entrenador extranjero desde que en 1997 el argentino Ricardo Albis ejerciera como interino tras la marcha de Díaz Novoa. La sentencia de Ferreira la dictaminó La Rosaleda, hastiada de ver cómo su equipo no puntuaba en las cinco jornadas disputadas en casa. También salían voces críticas desde dentro del vestuario, lo que pudo desencadenar la decisión final de Abdullah Al Thani de destituir al luso. El entrenador confiaba en su estilo, pero necesitaba más tiempo del que el jeque estaba dispuesto a esperar. Demasiados millones en juego.
¿Decisión precipitada? Sin duda, hablar de cese en la novena jornada de Liga arroja pocas explicaciones. Contrasta con la temporada pasada, cuando Juan Ramón López Muñiz estuvo en entredicho siempre y sólo la escasa liquidez del club le mantuvo al frente hasta el final. Es lo que sucede cuando el fútbol se convierte en negocio, y el Málaga, ahora, lo es.
Diecisiete millones de euros después, el Málaga jugaba peor que el año pasado y no había llegado ninguna estrella internacional. El as que escondía el jeque bajo la manga se llama Manuel Pellegrini, curiosamente, otro técnico extranjero, que sustituye a Ferreira, que se marcha por la puerta de atrás, con sus apuntes en la mano. Quizá, preguntándose -sin mucha convicción- por qué no funciona en la Liga española el 4-3-3 sin contar con un Piqué que saque el balón controlado; un Busquets que ejerza de escoba; un Xavi que sea líder, cerebro y director; un comodín como Iniesta; y un Messi que asegure 30 goles.
Y bajando a la tierra, llega Pellegrini, que tendrá que hacer memoria y recordar sus clases de la Universidad, cuando estudiaba Ingeniería, para elaborar el proyecto más difícil, urgente y efectivo de su vida. Con el equipo tambaleándose en los puestos peligrosos de la tabla, el chileno no tiene tiempo de hacer probaturas.
Muchas urgencias
El destino es caprichoso e igual vemos en Málaga una analogía a lo sucedido en Madrid un año antes. Y es que Pellegrini se encargó del equipo blanco con una única meta: desbancar al Barça. No era tarea fácil y el técnico se encomendó a las cifras. Importaba llegar, pero el cómo se esfumó por el camino. La gesta de conseguir 96 puntos no le valió para ganar la Liga. Nadie le señalará en La Rosaleda si tira de calculadora y suma de tres en tres con un fútbol poco vistoso. Ventajas de ser un modesto con cartera de galáctico.
El primer guiño del destino ya está dado. Y es que el último banquillo en el que se sentó el Ingeniero como visitante fue el de La Rosaleda, en aquel último partido liguero, un 16 de mayo cuando la Liga se le esfumó –al ganar el Barça ante el Valladolid- y, de paso, permitió al Málaga permanecer en Primera gracias al 1-1.
No obstante, el técnico tendrá problemas en reconocerlo. La estela de los petrodólares se ha dejado ver hasta en los banquillos, que lucen un aspecto tan mejorado como necesario. Es un grano de arena en esta nueva montaña. Un simple detalle que diferencia el Málaga al que se enfrentó en su último partido en España, con el nuevo Málaga al que dirige este año.
Pellegrini es la estrella de este equipo, el más mediático, el que ha hecho que todos los focos se centren en el Málaga. El deseo malaguista no es otro que Pellegrini vuelva a las portadas de las que salió, esta vez, con méritos deportivos en Málaga.














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